Érase una vez un niño que se llamaba Javier y tenía 15 años. Era muy vago y solo pensaba en dulces. Se pensaba que las casas, los colegios, los coches… ¡eran de dulces! Javier no tenía amigos, nadie quería ir con él, por ello, su mejor amigo era el chocolate. Nunca atendía en clase, porque siempre estaba comiendo dulces.
Pero por una vez en su vida, escuchó al profesor y os preguntaréis por qué: el profesor estaba hablando de un tal Jorge, que era muy conocido por tener una empresa de dulces. Cuando terminó la clase, Javier fue a donde el profesor a preguntarle a ver si le podía dar la dirección de la calle donde estaba la empresa, y fue hacia allí. Fuera había un cartel con esta frase: Buscamos empleado, llama al 612789452.
Javier entró a la empresa y les dijo a ver si le podían dar el trabajo. El jefe le dijo que sí, que empezaría mañana. Cuando llegó a casa se puso a informarse en internet sobre la empresa, y vio que ponía que esa empresa tenía un secreto que solo sabía el jefe.
Cuando llegó al trabajo al día siguiente, les preguntó a los empleados cual era el secreto, pero ellos no sabían de qué les hablaba. Entonces, probó con el jefe, pero este le dijo que se dejase de tonterías y que se pusiese a poner las golosinas en cajas. Como era tan vago, al cabo de 10 minutos trabajando, se apoyó en una máquina, con tan mala suerte que apretó un botón secreto. De repente, se abrió una puerta grande que llevaba a un mundo de dulces. Javier alucinó porque ese mundo era como imaginaba en sueños. Dentro, se encontró con un hombre galleta y le dijo que como él era el único humano y no había alcalde, que iba a ser el alcalde, lo que Javier aceptó con mucho gusto. El hombre galleta le enseñó la ciudad y el chico flipó cuando le enseñó su casa, era como siempre había imaginado: el techo de helado, las paredes de chocolate, las ventanas de gofre…
Por fin Javier se sintió en su mundo.
OIHANE HERNANDO 6.A
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